BOGOTÁ, Colombia - El abatido narcotraficante Pablo Escobar Gaviria hizo una hoguera quemando $2 millones en billetes para producir calor y evitar que su hija muriera congelada mientras se escondían en una finca de las montañas que rodean a la ciudad colombiana de Medellín.
Así lo aseguró Juan Pablo Escobar Henao, en una entrevista concedida a la revista colombiana Don Juan que comenzó a circular esta semana y en la que además asegura que su padre, independiente de la situación de peligro en que estuviera, veía los noticieros de televisión del mediodía y de la noche.
Según Escobar Henao, que ahora vive legalmente en Argentina
bajo el nombre de Sebastián Marroquín, su padre quemó el dinero porque
la gente que lo acompañaba en el escondite comenzó a sentir frío y
hambre, pues no tenían provisiones.
La más afectada por el frío
era su hermana, Manuela, por lo que su padre hizo una hoguera con el
dinero y evitó que ella muriera.
Por otra parte, detalló que una
de las costumbres invariables de su padre era ver los telediarios y
leer todos los periódicos del país que tuviera a la mano.
"No
importaba en la situación de peligro que estuviera. En las mañanas se
leía todos los periódicos de Colombia. Al mediodía y en la noche se
sentaba a ver los noticieros. Jamás decía una palabra. Observaba, a
veces apuntaba cosas y cuando terminaba el noticiero simplemente
apagaba el televisor", afirmó.
Relató también que su padre era obsesivo en cuanto a la protección de su esposa, María Victoria Henao, y sus dos hijos.
Juan
Pablo explicó que esa situación se presentó porque en un atentado que
les hicieron estuvieron a punto de morir: a él le cayó una pesada viga
encima, mientras que a su hermana, que estaba en una cuna, le cayó un
ventanal y un cristal partió en dos un biberón que tenía, pero no le
pasó nada.
Escobar Gaviria
tenía diseñado una serie de escondites diseminados por Medellín y, cada
vez que la familia llegaba a uno de esos sitios, les decía que lo
recorrieran y si alguno era capaz de saber en donde estaban,
inmediatamente, lo abandonaban.
Esto, porque el narcotraficante
estaba seguro de que si alguno de los integrantes de su familia caía en
poder de sus enemigos lo torturarían hasta hacerle decir en dónde se
escondían y ese podría ser el primer paso para ubicarlos.