“Paren a Trump”, “Voten para nuestro futuro”, “Que decida el Congreso”, “Electores, respeten la voluntad del pueblo”, “66 millones de estadounidenses eligieron a Clinton. Pero 63 millones de votantes de Trump cuenta más” eran algunos de los mensajes que se leían en las pancartas hechas a mano que unos 50 manifestantes alzaban frente al edificio del gobierno local de la ciudad de Washington la mañana del lunes.
Un simbólico (e inútil) esfuerzo en Washington para evitar que el Colegio Electoral certificara el triunfo de Donald Trump
El que Trump haya vencido en las elecciones, a pesar de que Hillary Clinton haya ganado cerca de 3 millones de votos más que él, ha impulsado el sentimiento que el sistema electoral estadounidense no refleja la voluntad del pueblo.

En ese lugar ubicado a pocas cuadras de la Casa Blanca, en la conocida avenida Pennsylvania, los 3 miembros del Colegio Electoral que pertenecen al Distrito de Columbia estaban a punto de confirmar los resultados del voto emitido el pasado 8 de noviembre.
De unas 50 personas convocadas a la protesta en Washington, muchas eran mujeres. Una de ellas, Jenny Rodriguez sujetaba un cartel naranja fluorescente con el mensaje: “No le demos armas nucleares”.
Ciudadana estadounidense de ascendencia cubana, Rodríguez contó como su bisabuelo José Miguel, nacido en Asturias, escapó de la dictadura fascista de Franco antes de huir de la dictadura comunista de Castro.
“Mi bisabuelo siempre habló de EEUU con mucho orgullo. Decía que aquí podía hablar libremente y que sus nietos podían vivir en libertad. Pero hoy en día Trump quiere dividir nuestra nación, tiene un lenguaje de odio. Y tiene todas las señales de convertirse en dictador".
"Tampoco tiene respeto para los inmigrantes que son la fundación de este país. Estoy aquí por mi abuelo y por mis hijos”, dijo esta mujer que ha vivido en México y Paraguay, y cuya madre llegó a Miami a los 8 años durante la década de los sesenta.
En ese momento cuatro estudiantes afroamericanos se unieron a la protesta cantando para “expresar la preocupación de la comunidad negra y de las minorías en general frente a un gobierno Trump”.
Un esfuerzo simbólico
La protesta fue convocada por Democracy Spring, un movimiento que busca generar reformas para asegurar el voto de todos y reducir la influencia de grandes donantes en la política. Pero este lunes su meta era llamar a que los electores republicanos cambiaran su voto por Donald Trump hacia Hillary Clinton u otro candidato. “Es nuestra última oportunidad para parar a Trump”, dijo a Univisión Noticias Courtney Jines, una de las organizadoras.
Pero lo cierto es que era improbable a estas alturas que el colegio electoral decidiera revertir el resultado de las elecciones del 8 de noviembre. De hecho, hacia las 5 de la tarde, hora del este de EEUU, ya el republicano había superado la barrera de 270 votos requeridos para quedarse con la presidencia.
Además, la presión en Washington no era necesaria, ya que en esta ciudad profundamente demócrata solo hay 3 electores, quienes votaron por Hillary Clinton, la ganadora en el Distrito de Columbia, poco después de las 5:00.
Pero Jines recordó que, además de Washington, hubo protestas en 50 estados del país. Según ella, el reto era posible de superar: “solo 37 electores republicanos tienen que votar por Clinton o abstenerse para que la votación pase al Congreso, que puede elegir a otro candidato como Paul Ryan” decía por la mañana.
Esta opción no parecía tampoco era de su agrado, pero evitar una presidencia de un hombre “racista y misógino” parecía ser su meta a toda costa.
Aunque varios electores recibieron cartas presionándoles para que modifiquen su voto, hasta la fecha solo u n elector republicano, Christopher Suprun de Texas, dijo públicamente que se negaría a votar por Trump. Algunos electores, dependiendo de los estados, podían recibir represalias si no votaban como lo hizo el estado. Por eso, Jines advirtió que había "abogados que han estado asistiendo a los electores que podrían recibir una multa si cambiaran de opinión”.
Sistema arcaico
Una manifestante venida del estado vecino de Virginia, Wendy Roseberry, de 61 años sabía que en este caso su voz era simbólica pero no por menos importante. Vino a manifestar su descontento con un sistema que considera “arcaico” y que le da un mayor peso a algunos estados. “Queremos que cada voto tenga el mismo peso”, dijo Roseberry.
Su preocupación sobre las consecuencias de un gobierno Trump para “el medioambiente, los derechos de las mujeres, la salud” entre otros temas fue un aliciente para salir a la calle. Esta mañana fue la primera vez que se manifestaba públicamente desde que expresó su inconformidad con la guerra de Irak en 2003.
Las alegaciones de las relaciones de Trump con el mandatario ruso Vladimir Putin era otra de sus preocupaciones.
“Confían más en Putin que a nuestras agencias de inteligencia”, dijo Roseberry, haciéndose eco de palabras de presidente Obama este viernes al afirmar que Putin estuvo detrás del hackeo de emails de la campaña Clinton que favoreció a Donald Trump. Pero el presidente electo negó la información contenida en el reciente informe de las agencias de inteligencia.
Reforma a la vista

Este año, el que Donald Trump haya vencido en las elecciones a pesar de que Hillary Clinton haya ganado cerca de 3 millones de votos más que él, ha causado mucho revuelo a nivel nacional e impulsado el sentimiento que el sistema electoral estadounidense no refleja la voluntad del pueblo.
Uno de los tres electores de Washington D.C, Franklin García, de origen dominicano, tiene fe en que una discusión sobre un posible cambio al sistema electoral pueda iniciar de aquí a un año, pero opina que es contraproducente hablar de esto ahora.
“Si el proceso no funciona, vamos a cambiarlo. Pero no vamos a cambiarlo ahora que estamos en medio de esto. Nadie le va a prestar atención", dijo a Univisión Noticias.
"Tiene que ser una discusión buena. Espero que en un año cuando se siente el congreso 115, se podrá hablar de una reforma del sistema electoral", agregó.
“Si el pueblo se une y hace una demanda, tendrán que escuchar”, dijo después de haber emitido su voto a favor de Clinton, desde las oficinas de la alcaldía de la capital estadounidense.
















